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Eres Empresa

Eres el Presidente de tu propia empresa…

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Pasar a la acción

Todos tenemos nuestras rutinas diarias, y a menos que tomemos una decisión consciente para cambiar nuestra situación o intentar perseguir oportunidades que, en ciertas ocasiones (más abundantes si estamos abiertos a ellas), se presentan en nuestras vidas, nada sucederá que haga este día distinto de los anteriores. Seguirás estancado en tu trabajo o en esa vida rutinaria que internamente te gustaría cambiar.

Por ejemplo, imagínate que estás charlando con una amiga y te das cuenta de que te encanta un libro que acabas de leer. Por supuesto quieres compartirlo con ella así que le hablas de tu libro y ella te dice que el contenido le recuerda a un cursillo profesional que tomó recientemente y que le ayudó tremendamente en su trabajo.

Esta información te pone a cien por hora. Te sientes energético, lleno de curiosidad y con ganas de cambiar tu rutina, sin embargo, no haces nada y te vas a la cama muy alterado pensando en el cursillo. Al día siguiente te despiertas por la mañana y te convences de que tampoco era para tanto así que comienzas tu día laboral, igual que el anterior.

Consciente o inconscientemente acabas de perder una gran oportunidad para cambiar el rumbo de tu vida profesional si tan solo hubieras dado unos pasos más para poner en marcha la maquinaria del cambio.

Supongamos ahora que en lugar de pensar en el tema y no hacer nada, tomas la decisión de dar el siguiente paso. Llegas a casa y te pones a buscar en línea el mismo que tu amiga tomó o similares cursillos, la llamas por teléfono y le preguntas si te puede presentar a algún alumno que tomó el cursillo con ella, o incluso mejor, al profesor que lo dio. Quizás puedas ir a una librería o biblioteca o Amazon y comprar algún libro relacionado…

Puedes hacer muchas cosas que te harán avanzar hacia tu
visión o puedes cruzarte de brazos y soñar sin hacer nada, es tu decisión. Además, ¿quién sabe? quizás cuando comiences a buscar en el catálogo de cursillos te encuentres con algo relacionado con tu idea inicial que te inspire a una idea incluso mejor. A veces la serendipidad te abre caminos inesperados.

Por supuesto, también puede suceder que no saques nada de todo este tinglado, pero al fin y al cabo no tienes nada que perder. En esta época de sobresaturación de información en la que se nos bombardea con todo tipo de información aleatoria, tenemos que ser más exigentes que nunca en cómo gastamos nuestro tiempo (os recomiendo leer el artículo de Berto Pena:
¿En qué inviertes o malgastas tu tiempo online?). Si no persigues los temas que te interesan, pronto te verás absorbida por todo tipo de información aleatoria.

Esto es similar a ceder el control y dejar que el mundo te zarandee. Necesitamos aprovecharnos de la información disponible en Internet, pero siempre eligiendo sabiamente basándonos en nuestros intereses no en cuántas novedades nuestros amigos pusieron en Facebook o qué vídeo de YouTube es el más popular esta semana…

Es como ir a un supermercado. Imagínate que te encanta cocinar y decides cocinar una cena especial. Encuentras una receta bárbara y te animas a cocinarla, así que compilas e imprimes la lista de ingrediente, vas a la tienda, compras lo que necesitas, cocinas el plato y pasas un rato agradable cocinando y compartiendo los frutos de tu trabajo con tu familia y amigos.

Ahora, con todos sentados a la mesa, sientes la satisfacción de haber ejecutado la receta. No importa que no te haya salido perfecta, el caso es que lo hiciste y todos aprecian el fruto de tu labor. Si la receta merece la pena, siempre habrá otras ocasiones para mejorarla u otras recetas con las que practicar.

Imagínate ahora el momento en el que viste por primera vez esta receta y propusiste cocinarla. Quizás pensaste: “Mm..., esta receta tiene muy buena pinta, seguro que les encantará a todos” y en ese momento te propusiste cocinarla recreando en tu mente el momento en el que tus amigos y familiares la probarían y te felicitarían por tus excelentes habilidades culinarias.

Pero una cosa es proponerse algo, y otra llevarlo a cabo. En lugar de ponerte en marcha y pasar a la acción, puedes simplemente pensar: “Mm… esta receta tiene muy buena pinta, la cocinaré algún día…

Como no tienes un plan de acción concreto, no imprimes la lista de ingredientes así que la próxima vez que vas al supermercado te acuerdas de la receta vagamente pero no de los ingredientes así que te dedicas a comprar lo que te llame la atención en el momento.

Los días pasan y aunque te puedes acordar de la receta de vez en cuando, acabará por caer en el olvido.

Con este ejemplo, quizás no demasiado afortunado, quiero dar a entender que si quieres que tus sueños, tus ideas, tus ilusiones no caigan en el olvido, dejándote con un sentimiento de frustración y tristeza, lo mejor es tomar acción inmediata.

Si cada paso que das, lo das en la dirección adecuada, aunque no des muchos pasos cada día, tarde o temprano acabarás llegando al destino. Sin embargo, si caminas sin rumbo, aunque camines todos los días, podrás por azar llegar a sitios interesantes, pero nunca al destino que te propusiste.

Tomar la iniciativa y hacer algo, por poco que sea, es infinitamente mejor que soñar despierto y no hacer nada por conseguir tus objetivos. Esto lo puedes extrapolar a cualquier nivel: personal, profesional… Tanto ti te propones conseguir una promoción, como cambiar de trabajo o mejorar tu negocio, tienes que proponerte tomar acción y comenzar a dar un paso en la dirección adecuada.

Buena suerte,
Jose L Riesco
©Riesco Consulting Inc.
www.Twitter.com/eresempresa